MAY
2023

Testimonio #16

Soy Bailoterapeuta

Puedo sentir lo que significa la melancolía desde que soy niña.

Recuerdo mirar hacia dentro y notar cierta ausencia de calor y compañía. Recuerdos de infancia que me hacen pensar en los que han vivido una detonación. Esa sensación de silencio y de aislamiento, de irrealidad incluso, que se adueña del que tiene la mala suerte de vivir de cerca la explosión de una bomba.

No tengo una bomba concreta a la que señalar, imagino que mi sendero siempre ha estado minado por pequeñas bombas de racimo. En cierto sentido llevan explotándome en diferido toda la vida. Yo me las ingenio para esquivarlas riendo y bailando y procurando, para sorpresa de algunos, que otras personas lo hagan también conmigo: que disfruten y se olviden de lo que les pesa mientras bailan.

Siempre se ha hablado del alma triste que albergan los payasos. Lo constato, y mientras, me animo yo solita a dibujarme una sonrisa.

Soy trabajadora social de profesión desde el año 1988, bailarina y escritora amateur desde los seis años, y madre por vocación desde los veintidós. 

Además, ejerzo de payasa y animadora oficiosamente y… ¡en expansión!

He trabajado en áreas tan dispares de la atención social como las personas mayores, las familias con menores retirados del seno familiar, colectivos en riesgo de exclusión social y un largo etcétera. Nunca ha dejado de gustarme ese trabajo, aunque en ocasiones haya sido tan frustrante ver los raquíticos resultados alcanzados tras realizar un gran esfuerzo. En otras ocasiones, sin embargo, la recompensa me ha acompañado hasta hoy, como es en el caso de algunos de los niños de los hogares de acogida, hoy hombres que, contra todo pronóstico, han resurgido de las cenizas en las que quedaron enterrados por su propia historia familiar.

A las particularidades de mi trabajo, se suman las peculiaridades de mi primera maternidad, un tanto precoz y plagada de escollos. Del naufragio más que probable me ha salvado en muchas ocasiones, la música, el baile y por supuesto, la alegría. Esa es la suerte que me tocó en el reparto, un buen carácter, una alegría natural acompañada de una melancolía adquirida que no me impide disfrutar sin pudor de casi todo. 

Por azares de la vida, me fui convirtiendo en profesora de baile allá por el año 2014, combinándolo con mi otra actividad laboral hasta que, un traslado de ciudad en el año 2018 dejó el marcador a cero. 

La nueva ciudad, el COVID y la edad, me catapultaron al camino de la búsqueda y de la reinvención. 

En los meses del confinamiento no quise dejar mi incipiente actividad dando clases en Madrid así que 

DJ posando

me dispuse a ordenarme tecnológicamente para hacerlo online, un gran escollo que al final salió bien y me “hinché” a dar clases online para animar a alumnas, amigas, familia y desconocidas mientras mi querido compañero estaba contagiado por el virus casi desde el primer día de nuestro encierro. La ignorancia de lo grave que acabó siendo para muchos, me hizo sobrellevarlo animadamente, de esa forma, lejos de amontonarme emocionalmente al ver lo malito que estaba, me dediqué a tirar de otros para, conjuntamente, elevarnos la moral bailando. Tres veces por semana durante más de una hora me conectaba con diferentes puntos de España para marcarnos unos pasos y sobre todo, unas risas. Además, hacíamos kilómetros dentro del salón a base de rumbas, cumbias y hasta ¡hip hop! 

Sin saberlo, cada vez que daba una clase de baile el resultado final no era el aprendizaje de ningún estilo; el resultado final era la volatilización de los problemas de las mujeres que estaban al otro lado de la pantalla. Su tristeza se evaporaba junto con el copioso sudor de sus cuerpos. El resultado final dejaba un escenario de euforia y ligereza.

La palabra con la que definen lo que sienten quienes lo prueban, después de permitirse revolotear con mil propuestas musicales es: LIBERACION.

Y así empecé a dar clases para la búsqueda del bienestar emocional, para soltar sin reparos la risa, para dejar morir la vergüenza, para encarnar cualquier papel fuera del guion nuestro de cada día. 

Y hoy me veo a mí misma convertida en una suerte de clown, de animadora que busca obsesivamente la diversión y la alegría del otro. 

La mayoría de las personas que vienen a las sesiones, ahora ya presenciales, suelen llegar estresadas, retraídas y tímidas las más de las veces, desinhibidas unas pocas, pero casi todas afirman, con una gran sonrisa tras terminar nuestros locos encuentros, que están más felices, que se han liberado, que tienen amnesia de lo que no les gusta de sus vidas.

De manera que, aunque sea por el pequeño lapso de tiempo convertido en alegría, por esa ínfima parte de color aportado al día a día de las participantes, aunque sea por esa mujer que una tarde me dijo que era su antidepresivo, ya me habrá merecido la pena haberlo llevado a cabo y seguirlo intentando y construyendo, desoyendo el dictamen de la edad y desoyendo también los quejidos de mis articulaciones, que, con su sibilina artrosis me recuerdan cada día todo lo que ya he vivido pero también , todo  lo que aún me queda por VIVIR.

DJ sonriendo de fondo y chica sonriendo en primer plano

Una pequeña muestra de las clases con Loreto

cartel de fiesta de family business

ABR
2023

Testimonio #15

Soy Cómico

Sr. Caro
@el_sr.caro

Muchas personas se sorprenden cuando digo que me considero una persona tímida e introvertida, más todavía cuando les cuento una de mis principales aficiones, la comedia. Siempre me ha gustado consumir comedia:  recuerdo de mi infancia el programa “no te rías que es peor” y las actuaciones de Eugenio, más adelante me tragaba todos los programas del Club de la Comedia y admiraba a cómicas como Eva Hace o Ana Morgade.

A pesar de mi timidez, desde pequeño he aparentado que no me cuesta hablar en público, interactúo bien en situaciones sociales tanto con personas conocidas como desconocidas y los trabajos que he desempeñado, actualmente la incidencia política y la docencia, han tenido siempre una enorme carga de interacción social. Aunque me desenvuelvo bien, o al menos finjo muy bien que lo hago, a menudo me tengo que sobreponer a mi retraimiento y a una voz interior que de manera habitual dice:

-“MAAAAAALLL TOOOOODOOOOO MAAAAAAAAAAALLL TOOOOODOOOOO LOOOO HACES MAAAAAAAL, LA GENTE TE ODIA Y PRONTO VAS A DESCUBRIRLO”. (Dramatización).

 Y ahí entra el sentido del humor. Para mí, el humor, es una de las herramientas que me permiten ser un tímido funcional, mientras me río, y otras personas se ríen conmigo, me relajo y la voz o se calla o se une a las carcajadas. Por eso, cuando en octubre de 2019 estaba intentando reubicarme después de un cambio vital y profesional muy importante, mi padre me preguntó que qué quería por mi cumpleaños y le pedí que me pagara un curso de iniciación al stand-up. Mi voz interior me decía:

- “MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALLLL, LO VAS A HACEEEEEEER MAAAAAAAL Y ADEMÁAAAAAASSSS LO VAAAAAAAS A DEJAAAAAAAAAAR COMO TOOOOOODOOOO, COOOMOOO EL JUDOOO, EL KAAAAARATEEEEEEE Y LAS 6 TEMPORADAS DE SEXO EN NUEVA YOOOORK QUE PAGASTE EN WALLAPOP Y NI FUISTE A RECOGERLAS. (Seguimos dramatizando)

A pesar de la voz, me apunté y el curso empezaba en marzo. ¿Alguien recuerda lo que pasó en marzo de 2020? Un asuntillo pandémico que nos tuvo en casa como si volviéramos a ser adolescentes y nos hubieran quedado 7. 

DJ posando

Aquello podría haber sido el fin de mi aventura en la comedia, pero como tantas otras cosas de la vida, aquel curso se pudo hacer online y lo disfruté mucho.

Después del verano, “ya libres”, nos contactaron para hacer la “muestra de final de curso”, en un café. Recuerdo estar sentado en las escaleras mientras esperaba mi turno, con el corazón latiéndome a 2000 por hora, con mi voz interior gritando:

MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALLLLLL, NADIE SE VA A REIR, HARAS EL RIDIIIIIIIIIIIIIIICULOOOOOOOOO, VAS A TENER QUE METERTE EN CASA Y NO SALIR JAMÁS. (de nuevo dramatización).

Tengo guardado el vídeo de esa actuación y lo escucho mientras escribo esto. En los 11 minutos 30 que dura la actuación el corazón no me dejó de ir a mil por hora, tiraba los chistes a tal velocidad que en ocasiones al público no le daba tiempo a reírse, pero hay un momento, en el segundo 56 de la actuación, que recuerdo con mucho cariño, el primer chiste que de verdad entró:

Las carcajadas me obligan a parar, las personas aplauden y en ese momento, aunque no se ve muy bien en el vídeo, en mi cara se dibuja la misma sonrisa que tengo ahora mientras la vuelvo a ver, no solo de orgullo, sino por ese momento de conexión que proporciona hacer reír a personas que no conoces.

Porque para mí, un tímido funcional, la comedia es una forma de conectar con el público y esa conexión es muchísimo más fuerte cuando va acompañada de verdad.  Todos mis textos hablan de alguna manera de cosas que me producen emociones o conflictos, aunque sea de manera deformada y si resulta placentero que alguien se ría con uno de mis chistes, no podéis imaginaros cómo es cuando alguien lo acompaña con un “Es verdad”.

En definitiva, soy muy afortunado por tener una afición muy alejada de lo que hago cotidianamente, y que utiliza esa voz interior para que otras personas disfruten.

DJ sonriendo de fondo y chica sonriendo en primer plano

Video es de la primera actuación del Sr. Caro

cartel de fiesta de family business

ABR
2023

Testimonio #14

Soy Retratista

Mara Saiz Gomis
@marasaiz.photo

Si tuviese que definir la felicidad de una forma muy concreta, diría que para mí es la ausencia de miedo.

Soy totalmente consciente de que dejé de ser una niña feliz cuando me convertí en una adolescente con miedo. Y después, en una adulta con más miedo todavía, convencida de que crecer y sentirme segura suponía alejarme de la magia, el teatro, los colores, la improvisación, las manos manchadas, la música, las flores y los sueños. 

Desde muy pequeña me colocaron la etiqueta de "la artista de la familia". Siempre lo sentí como algo bonito y positivo que me hacía sentir especial, pero lo cierto es que ahora sé que lo viví más como una "gracia" que como el verdadero don que realmente me definía. 

Mi vida consistía en CREAR sin darme cuenta realmente de que estaba haciendo algo singular. Verbos como imaginar, inventar, diseñar, fabricar, construir o convertir eran la pulsión que me hacía vivir 24/7 ilusionada. Con un PROPÓSITO.

Convertir el frutero cada día en un centro de mesa diferente, construir una cabaña con ramas del jardín, elaborar mis propios perfumes, decorar la entrada de casa para la llegada de mis hermanas mayores cada fin de semana, inventar coros nuevos para las canciones de los Rolling, pintar piedras, fabricar coronas de flores en primavera, hacer arcilla con "arena suave" del terreno de al lado, diseñar casas con plastilina para mis familias de escarabajos y mariquitas...

Eran mis propósitos. Mis propósitos sin más propósito que ser y hacerme sentir realizada sin tener ni idea de lo que eso significaba. Sólo sé que sabía de verdad que estaba siendo feliz.

Sin juicios, sin máscaras, sin opiniones, sin comparaciones, sin precio, sin tiempo. SIN MIEDO.

Aun así, el paso de los años y el peso de las infinitas influencias invisibles a mi alrededor, consiguieron que la idea de dedicar mi vida a algo artístico jamás se me pasara de forma seria por la cabeza porque eso significaba ser voluble, inconsciente e irresponsable. ¿Qué típico, verdad?

Bachillerato de ciencias, medicina, filosofía, asesoría de imagen, showrooms de moda, maquillaje, diseño gráfico, diseño web, organización de eventos... Cuanto más buscaba y más me empeñaba en encontrar mi sitio, más me perdía y más me alejaba de él. 

Por eso acabó siendo la fotografía la que me encontró a mí, y no al revés. Hace ya diez años. Y fue en un momento de mi vida en el que a los ojos del mundo ya estaba "colocada" porque vivía en un matrimonio feliz, con la casa pagada y tenía un trabajo fijo con un sueldo decente en una buena zona de Madrid. Mi pequeña Canon 400D llegó en forma de regalo para recordarme que aquel no era mi lugar. Que ese no era mi destino.

La fotografía me agarró fuerte de la mano y me impulsó a saltar al vacío. Como ya había saltado otras veces en el pasado, sí, pero con la gran diferencia de que esta fue la única vez en la que NO TUVE NINGÚN MIEDO. Y en ese salto, me salieron alas.

Mentiría si dijese que mi inclinación por la fotografía venía de atrás o por herencia familiar. En absoluto. Mi contacto con ella había sido bastante normal, o eso he pensado siempre. Desde los 16 años, allá por el año 2000, no salía de casa sin mi compacta y no había juerga que se quedase sin documentar. Pero sin más. Sentía que atesorar todos aquellos momentos me hacía bien, claro, pero en ningún momento vislumbré que ese sería mi futuro.

DJ posando

La revelación llegó años más tarde, cuando mi pareja de entonces me regaló mi primera cámara reflex para que le acompañase como fotógrafa de gira con su banda. Prometo que, en ese momento, proponerme como fotógrafa supuso para mí el mismo reto y desconcierto que si me ofrecen ir como fisioterapeuta. Y, aun así, NO TUVE MIEDO.

Recuerdo ir estudiando el manual de instrucciones en la furgoneta recorriendo las carreteras de España con una mezcla maravillosa de nervios y emoción que me incendiaba por dentro.

Durante esos meses, las fotos de los conciertos me sabían a poco y una fuerza absolutamente desconocida para mí, me impulsaba a seguir profundizando entre diafragmas, isos y velocidades de obturación.

No tenía "conejillos de indias" a mi alcance porque vivía lejos de mi círculo de amigas, así que, compré un disparador a distancia y me adentré, sin saberlo, en el AUTORRETRATO, un viaje infinito y sin retorno hacia el centro de mí misma.

Gracias al autorretrato hoy soy la que soy y mi fotografía es la que es. Gracias al autorretrato comprendí el verdadero poder de la fotografía y cómo ésta es capaz de transmutar nuestra visión no sólo del mundo, sino también y aún más importante, de nosotros mismos.

Fue bucear dentro de mí y verme "desde fuera" lo que de verdad me despertó. La gran revelación de mi vida: Si la fotografía me estaba ayudando y enseñando tanto: ¿por qué no ayudar de la misma forma a otras personas? Todo mi ser gritaba SÍ A TODO, con purpurina, lucecitas y exclamaciones. Así que dejé mi trabajo fijo de un día para otro y sin titubeos ni dudas comencé a dedicar mi existencia a mi por fin encontrada vocación. ¿El miedo? Directamente no existía un lugar para él.

La fotografía se convirtió en mi forma mágica de entrar en contacto directo con el alma de las personas y ayudarlas en el camino del autoconocimiento y la autoestima. 

Y, simultáneamente, encontré en ella el canal más poderoso a través del cual expresar mis emociones y dar rienda suelta de nuevo a la creatividad que siempre me había caracterizado, a mi concepción del arte, la estética, la belleza y el color. 

Mi vida volvía a tener un propósito.

Y, cuando miraba hacia atrás repasando todos los saltos y tumbos que había dado en el pasado, no sólo cobraban sentido, sino que entendí que habían sido necesarios. Todo lo que aprendí y crecí en cada una de esas etapas, fue conformando a la mujer que con 29 años dio una patada a esa impostada seguridad para emprender el vuelo sin miedo.

A día de hoy, tras diez años viviendo mi vocación, despierto cada mañana con la certeza de que nuestra misión de vida ha de acercarnos y reconectarnos con nuestra naturaleza más esencial. Y, en mi caso, la fotografía apareció en mi vida para salvarme de mi extravío y me lleva todos los días de vuelta a mi niña feliz, a mi niña sin miedo, a esa Mara que creía y creaba. Que creía en lo que creaba.

MAR
2023

Testimonio #13

Soy Coach Energética

Ger Garoa
@ger_garoa

Me llamo Ger Garoa y me acompañan casi 20 años de experiencia como abogada y traductora intérprete jurado. Probé prácticamente todas las ramas del derecho sin casarme con ninguna. 

Durante mis años en despachos, con todos esos expedientes interminables y esos clientes intensos con los que trabajaba (a los que muchas veces hacía más de psicóloga que de abogada), durmiendo menos de 6h, trabajando más de 12h, sin tener vida personal ni social… me sentí desbordada.

Fui acumulando estrés y ansiedad y acabé sufriendo el síndrome burnout (estrés crónico, como dice el Doctor Mario Alonso Puig). En ese momento, mi Cuerpo, al que había utilizado en piloto automático durante años, petó. Hasta tal punto que me desmayaba y perdía el conocimiento por las esquinas, mientras todas las pruebas médicas decían que todo estaba bien.

Fue entonces cuando decidí soltar los despachos y pasar a empresa. Estaba entusiasmada con ese cambio. Allí redescubrí la propiedad intelectual: me encantaba proteger las distintas expresiones de la creatividad del ser humano. ¡Me sentía esperanzada!

Los años iban pasando y yo seguía en empresa; incluso me especialicé con un Máster de Propiedad Intelectual del Colegio de Abogados. No obstante, cada vez me sentía más desmotivada profesionalmente… Algo no me encajaba… Llegó un punto en que hasta me costaba levantarme por las mañanas para ir a trabajar. A la mínima enfermaba y me quedaba en cama lamentándome de tener que ir a trabajar al día siguiente… De nuevo mi Cuerpo hablándome y yo sin escucharlo…

En fin, cuál fue mi sorpresa cuando un día me propusieron asistir a clases de yoga durante la pausa de la comida. Además, también una amiga me invitó a clases de biodanza por las tardes. A partir de ahí comencé mi camino de verdadera escucha al cuerpo en todas sus dimensiones (mental, emocional, física y energética). Empecé a danzar “5 ritmos” de Gabrielle Roth, a hacer nuevas amistades y a aprender a no sólo escuchar a mi Cuerpo, sino a hacerle caso. Volví a conectar con la magia de la Ger niña.

Eso me permitió reconciliarme con la abogacía y, como buena geminiana que soy, decidí hacer inmersión en el mundo del crecimiento personal y espiritual hasta llegar a formarme en este ámbito durante más de 7 años. ¡Siempre me ha apasionado la metafísica!

Entre otras muchas cosas, me capacité como Life Coach (PNL y visión consteladora de Bert Hellinger), diplomada en Bioenergética & en Sanación Energética Vital.

DJ posando

Cada vez me resultaba más pesado mi trabajo dentro del sector legal y jurídico porque realmente no me sentía cómoda allí. Y cada vez tenía más claro que deseaba laborar para mí en lugar de trabajar para otro, de modo que llegó un momento en que decidí ejercer como empresaria individual. 

Estuve 5 años compaginando mis 3 facetas profesionales por cuenta propia hasta que, de pronto, dejaron de entrar encargos y empezaron a disminuir mis ingresos. Iba camino de mi gran ecatombe económica profesional.

Me puse incluso a trabajar en la recepción de un hotel para pagar el alquiler. Con casi 40 años volviendo a trabajar en un hotel como cuando estaba en la universidad y trabajaba de recepcionista todos los veranos. En aquel momento se me cayó el mundo encima.

Crisis existencial, crisis profesional, crisis financiera y crisis de pareja para acabar de rematar con crisis de salud psicosomatizada. Cinco desafíos heavy metal al mismo tiempo. Hundida emocionalmente y sin ganas de vivir de nuevo.

Supuestamente un completo sinsentido…

Sin embargo, gracias a los recursos con los que contaba de mi periplo humano-divino, después de comprender el gran mensaje del universo detrás de todo aquello y de recibir la ayuda psicológica y terapéutica necesaria, volví a salir adelante con amor y resiliencia y me lancé a ofrecer mis servicios como coach de forma exclusiva.

Y así es como la Ger coach energética llega con fe inquebrantable a día de hoy mientras te ofrece experimentar una práctica que transformó completamente su vida. 

Escuchar y sentir el cuerpo en sus 4 dimensiones ha sido y sigue siendo una herramienta fundamental en todo mi proceso vital para desovillar bucles mentales y emocionales y evolucionar en consciencia con amabilidad, desde los ojos espontáneos y la magia de una niña de 3 años.

Aprendí que las crisis (sin importar su envergadura) nos permiten volver a nacer a nuevas vidas en una misma vida.

DJ sonriendo de fondo y chica sonriendo en primer plano
DJ en acción

 

Nada cambia y todo cambia

cartel de fiesta de family business

MAR
2023

Testimonio #12

Soy Activista

Arlette Chahin Martin
@arlettechahin

Todo empezó cuando tenía 18 años y quería irme de voluntaria al África. Tenía “alma de misionera”. Hice un curso en la Cruz Roja de mi pueblo (Auch) para poder viajar a Nigeria. Desafortunada o afortunadamente, no pude cumplir mi sueño porque había muchas revueltas en el país en el año 68. Era un zona muy peligrosa y no aconsejaban que viajase una mujer joven sola. 

Cursé entonces mis estudios universitarios en Francia y me fui a la Universidad de Bradford a preparar un Master en Literatura Inglesa y Baladas Escocesas del Siglo XVI. Conocí a mi esposo Elías en esa universidad. Era Colombiano y venía de Bogotá. Al terminar mis estudios, cambié África por Colombia. Y así fueron pasando los años, viviendo y trabajando en varios países hasta que llegué con mi esposo y mi hija Alia a Madrid en 1984.

Como “inmigrante de lujo”, conseguí rápidamente un puesto en una multinacional, pero… ¡con mucha carga de trabajo! Unos años después, nació mi segundo hijo. Obviamente, y más en esa época, no había espacio para poder desarrollar mi “otro yo”. En 2012, ya con 62 años, surgió un problema en mi barrio, la Marazuela (Las Rozas), a raíz del cerramiento de la estación de trenes que nos afectaba a todos los vecinos. ¡Entonces, me di cuenta de que había echado de menos, inconscientemente, el no haber podido sacar tiempo antes para desarrollar mi lado solidario!

Nos movilizamos mi amiga Esther y yo, así como algunos vecinos. Presentamos más de 380 firmas al Ayuntamiento para protestar e intentar solucionar el problema. ¡Y, en efecto, se solucionó, aunque no de la manera que nos hubiese gustado! Así empezó mi andadura a lo largo de los años con reuniones con alcaldes, concejales y partidos de la oposición para intentar mejorar nuestro barrio que había estado durante más de 30 años olvidado por los poderes municipales. Gracias a nuestra movilización e informes, el barrio ha ido mejorando. Inclusive, un joven vecino se unió a nuestra causa y creó la página Vecinos de la Marazuela en Facebook que tiene ya 850 seguidores. ¡Es todo un éxito de colaboración ciudadana! 

En esa época todavía trabajaba muchas horas en la multinacional. Todavía no me explico cómo lo hice, pero encontraba tiempo libre para intentar mejorar nuestro barrio. Era una fuerza poderosa que me empujaba hacia delante. 

DJ posando

No lo podía remediar aunque supusiese un enorme esfuerzo personal. Hace algunos años, un partido político me ofreció estar en su lista para las elecciones. No acepté y contesté: prefiero luchar por el bien común y no por unas siglas.

Por otro lado, desde pequeña me apasionan las artes: la música, el baile, la pintura, el arte, el teatro, el cine, etc. Pongo mucho empeño y movilizo a mis amigos y familiares para poder asistir a eventos culturales. Por ejemplo, hemos podido asistir a todas las representaciones de la Escuela de Baile de Cristiane Azem. Somos sus mas fieles seguidores. ¡Mi amiga Esther me llama de una forma cariñosa “la Ministra de Cultura”! Durante los meses de confinamiento de la COVID-19, participé en un proyecto de arte online que lanzó la Fundación Getty bajo el nombre de #gettymuseumchallenge). No podíamos salir, así que tuve que improvisar con lo que tenía en casa. ¡El resultado para mi fue muy sorprendente y satisfactorio! ¡Disfruté mucho! ¡Es un recuerdo muy bonito de esta época sombría que vivimos!

Finalmente, también colaboro con 2 ONG españolas desde hace tiempo: It will be, una ONG de cooperación internacional, y Hogar Sí, una entidad cuya misión es erradicar el sinhogarismo. Desde hace varios años, organizo cumpleaños solidarios en el jardín de nuestra casa que llamamos el Jardín de la Alegría. Vendo productos solidarios, hago rastrillos, etc. que luego convierto en donaciones a favor de estas dos ONG. Tengo la suerte de poder contar con unos vecinos y amigos que se unen a mi causa. Me implico mucho para poder compartir los recursos con los menos favorecidos. 

En tiempos revueltos como los que hemos vivido recientemente, me parece importante colaborar para tener un mundo mejor, cada uno desde el lugar que pueda, por muy local o pequeño que parezca, puede marcar la diferencia. Desde luego que me implico mucho porque es muy gratificante el poder compartir nuestro tiempo y recursos para mejorar nuestro entorno. ¡Por eso, me considero una ACTIVISTA!

DJ sonriendo de fondo y chica sonriendo en primer plano

"La Manola" de Ignacio Zuluaga, mayo 2020

Arriba: con Cristiane Azem y mi hija en el Museo Thyssen-Bornemisza

A la derecha: Con mi hija delante del cartel de "Night" de Cristiane Azem  y "Autoretrado, 1929" de Tsuguharu Foujita

DJ en acción

"El reloj del corazón" de Francesco Vezzoli, 2020

cartel de fiesta de family business

Arriba: fotos tomadas en Las Rozas

Abajo: #gettymuseumchallenge

"Gothic Family" de Grant Devolson, abril 2020

FEB
2023

Testimonio #11

Soy DJ

Alfredo Díaz aka Freddi Man
@freddi_manz

Un cassette de Alan Parsons Project, que ni siquiera era de mi padre, sino de mi tío Antonio - algo más joven que él, más rockero, psicodélico y canalla - fue el detonante de que hoy, 30 años después, pueda decir que SOY DJ de corazón y no de profesión.

Crecí escuchando música, hijo de padre y madre de guateques, de bailes matinales, concursos de twist y orquestas hasta el amanecer, mientras dormía tapado con chaquetas en un catre improvisado con dos sillas. En la compra semanal de enseres y alimentación siempre éramos compensados con un vinilo, años después con un cd. Recuerdo como mi imaginación volaba escuchando The Beatles o The Beach Boys hasta que llegó a mis manos el Progressive de Alan Parsons, que me catapultó a devorar a Jean Michel Jarre o Mike Oldfield y por supuesto Pink Floyd,siempre en esa liturgia familiar que hoy inunda mis recuerdos  de calidez y seguridad.

Por esos tiempos, en la radio y la TV estaban muy presentes grupos New Romantic a inicios de los 90’, con sintetizadores que emitían sonidos repetitivos, decadencia llena de misterio, hasta que apareció el Dance. Color, discotecas y algo que me llamó soberanamente la atención: EL DJ. Lo que, en un principio, era esa primera capa comercial que se transmite a través de medios convencionales me atrajo lo suficiente como para rascar la superficie y descubrir los clubs donde DJ desconocidos para el resto de los mortales seleccionaban y mezclaban tracks importados de Berlín, Hamburgo, Manchester, Londres, etc. Empecé a sentirme especial, me sentía dentro de algo. Estaba sin saberlo participando en el inicio de un movimiento Underground de una metrópolis como Madrid.

Con 25 años llegué a montar un sello. Lanzamos tres discos, viajamos y poco a poco cada uno fue buscando su sitio en la vida, lo que se entendía que debíamos de hacer,  que era buscar nuestra propia carrera profesional. 

DJ posando

Nunca perdí mi pasión, independiente de la ciudad en la que vivía en ese momento. Monté un negocio en el que se emitía en streaming un programa de radio todos los viernes con DJ Sets en directo y entrevistas, lo que generó actuaciones en distintos puntos del país hasta que a mi vuelta a Madrid me encontré, por avatares del destino, con dos primos hermanos por parte de la familia de mi madre, con edades parecidas y sin haber tenido absolutamente nada de relación en nuestras vidas. Empezamos a tratarnos y resultó que los tres éramos unos apasionados de la música electrónica Underground.

Por añadir algo de más de luz sobre esta facción de mi familia, mi madre tenía dos hermanos, que desde muy pequeños se vieron separados en diferentes centros de acogida después de la guerra; siempre recibimos información los unos de los otros llena de amor, aunque por distintos motivos y carencias no se materializó en que creciéramos juntos. Para más enjundia, los tres hermanos fallecieron y por una especie de deuda con ellos, sumado a la pasión que nos une, surgió Family Business Sound.

Family Business es una Asociación Musical Independiente que crea eventos en espacios singulares con música electrónica de calidad en los que bailar, comer y beber.

Ahora tengo una carrera profesional como creía que se esperaba de mí y en paralelo puedo decir que soy DJ y productor musical por vocación.

Alfredo Díaz aka Freddi Man (por mi madre, Manzano)

Family Business Sound en Facebook

Family Business Sound en Instagram

FEB
2023

Testimonio #10

Soy Poeta

Glòria Bosch Maza
@gloriaboschmaza

Nací en Barcelona, hace algunos años, pero no me identifico para nada con la edad que figura en mi dni. Soy bilingüe, curiosa, perseverante y mi signo zodiacal es de fuego, aunque el agua es mi elemento donde me muevo con mayor libertad. 

Viví parte de mi infancia en una calle angosta del Barrio Chino de Barcelona rodeada de dulces y lecheras. Entre mis objetos preferidos, un lápiz y un cuaderno en blanco. Con ellos jugaba con las palabras y apuntaba los interrogantes que nadie me solía despejar. Mi sueño era escribir y cantar en un escenario ante un numeroso público, pero la vida me seccionó las alas a los catorce años y tuve que aparcar mis sueños. No pude negarme así que dejé el colegio y empecé a trabajar, muy a mi pesar. Años más tarde conseguí acceder a la Universidad cursando estudios de Periodismo para más adelante participar en Talleres Literarios donde mi escritura fue adquiriendo forma. Hasta el momento he publicado siete libros (dos de ellos premiados) y he colaborado en diversas publicaciones literarias y antologías. 

Uno de los proyectos en los que estoy inmersa desde hace años es la creación y puesta en escena de recitales poético-musicales. En la década de los 90 formé junto a Petry Jiménez, amiga y rapsoda, el grupo Veus de Dones, con el objetivo de reivindicar la poesía escrita por mujeres. Gracias a ese proyecto inicial compartido el grupo ha estrenado diversos montajes poéticos, entre ellos: “Malatinas” “Yo soy Gloria Fuertes” (en homenaje a la poeta por su centenario), “Mujeres de carne y verso”, etc., siempre con música en directo. La sensación de estar ante un número de personas y conectar con ellas a través de un poema es algo parecido a un estado de ingravidez. El texto abandona la página y se transforma en un latido, una emoción o un escalofrío, algo que vive y respira. 

 

Mujer poeta posando y escribiendo

Desde hace más de cuarenta años compagino mi vocación con mi trabajo como funcionaria del Estado. Esta dicotomía entre el deseo de volar y el deber de permanecer ha motivado que mis poemas hayan nacido como su madre los trajo al mundo, desnudos, escritos a menudo con urgencia, al borde del cansancio o en un arrebato de pasión, a veces con falta de oxígeno, otras gimiendo a gritos. Actualmente estoy embarazada de mi octavo retoño “Como pez en la jaula” y del libro de relatos “Erase una voz” que espero me den muchas satisfacciones. Los voy a querer como a todos porque cada libro es un pedacito de mí.

Cuando alguien me pregunta la razón del porqué escribo respondo que por una necesidad vital de comunicarme. La poesía siempre ha sido mi refugio cuando me he sentido perdida, el timón que me ha guiado a buen puerto. A veces es un reto, otras un juego, un placer solitario y compartido. 

Sin la escritura posiblemente no sabría quién soy. A ella quiero seguir dedicándome en verso y alma, permanezca dentro de la jaula o consiga salir algún día, pero sobre todo con los ojos muy abiertos y la pluma, en vuelo libre, planeando sobre el papel.

http://www.Veus-de-dones.blogspot.com

Niña posando
Niña escribiendo en un pequeño escritorio de madera
Mujer actuando y recitando poesía

ENE
2023

Testimonio #9

Soy Artista 

Paula Pérez Castañares
@paula.perez_art

La creación artística y la danza me ha conectado desde que recuerdo con un lugar íntimo, vital y sosegado de mí misma.

De pequeña hacía danza en el colegio, pero no dejaba que mi familia me viera bailar cuando ensayaba en casa, muy a su pesar. Me daba vergüenza y, además, prefería bailar sólo para mí. De adolescente, descubrí que pintando retratos me apaciguaba la mente y el cuerpo, y que mis nervios se deshacían con el movimiento del lápiz.

No elegí estudiar bellas artes por cobardía, pensando que no podría "ganarme la vida" con mi hobby y a veces me arrepiento. Pero toda decisión tiene su sentido, lo he aprendido con los años. Elegí arquitectura, algo, en su momento, con mucho futuro, y la profesión de mi padre. Disfruté de las asignaturas artísticas, me matriculé en todas las optativas de dibujo del cuerpo humano, dibujo de apuntes, dibujo del natural. Me apasionaba.

Echaba en falta lo humano y lo social en la arquitectura, así que me especialicé en cooperación para el desarrollo. Terminé la carrera en plena crisis inmobiliaria de 2009 y no pude irme de España, como sí hicieron todos los arquitectos recién titulados entonces, porque tenía que cuidar de mi madre. Aunque se me diera bien, no me identificaba como arquitecta. Anhelaba el arte y las personas.

La pérdida de mi madre, temprana y demasiado importante, me hizo caer... mis estructuras, mis cimientos... Pintar me mantuvo a flote en esa fase oscura, y para reconstruirme opté por buscarme desde otro lugar: aposté, y muy fuerte, por el arte y las personas. Hice un máster en arteterapia, con muchas prácticas con colectivos vulnerables. En paralelo retomé la danza (contemporáneo, contact-improvisación, danza-teatro), y decidí llevarlo también a mi desarrollo profesional, haciendo otro máster en danza movimiento terapia, intenso, profundo, apasionante, largo y retador.

Tanto, que me desgastaba, y trabajar de ello implicaba mucho esfuerzo y escasos ingresos. Tenía 32 años y también quería construir una vida en pareja y tener hijos, así que renuncié a la profesión de las terapias artísticas para buscar algo más estable. No me arrepiento, aunque hoy, 6 años después, sigo sintiendo la pena de esa renuncia.

Gracias a estos másteres y las prácticas con personas vulnerables, aterricé en el sector social y la discapacidad, donde me encuentro desde hace años trabajando en la gestión de proyectos, que disfruto. Echo de menos el arte en lo profesional, pero sé que con el tiempo encontraré la manera, si ha de ser encontrada.

Cuando nació mi hija una gran parte de mí se quedó en la sombra inundada por la crianza, y mi lado artístico con ello. 

Mujer posando, sonriendo y esculpiendo

Este sistema no está hecho para criar, nos ahoga... pero ese es otro tema. Me decía a mí misma, cómo consuelo que "criar a mi hija era mi proceso creativo". Error, con los años he descubierto que, al menos para mí, son procesos diferentes y me constituyen de forma diferente.

Llevaba años queriendo hacer escultura, siempre se me dio bien el volumen y la materia. Me decía que cuando me jubilase me pondría a ello, sería una viejita estudiando bellas artes. Un día, hace 2 años, me di cuenta de que igual me podría morir antes de tiempo, como mucha gente, como mi madre, y que no quería seguir aplazando mi deseo de hacer escultura. Así que me puse en acción, y en pocos días encontré un taller de escultura y me puse manos a la obra... qué placer crear, tocar el barro, dejarme llevar por impulsos creadores, imágenes potentes que se presentan en mi cabeza y que acabo de darles forma con las manos, desde un lugar íntimo y de mucha vitalidad, conectado con mi intuición, mis entrañas, mi concepción subjetiva de la belleza.

Sé que hago "cosas bonitas con mis manos", sé que en gran parte son para mi madre, para su poso dentro de mí, ¡cuánto te echo de menos, mamá! Te traigo a mí a través de mis obras.

He tenido otro hijo y, sorprendentemente, él me conecta con la creación desde que nació, he encontrado la manera de crear con él junto a mí. No es fácil y muchas veces ha sido frustrante, pero siento una especie de conexión, como si él me entendiese, como si él me potenciase esa parte mía. Y se lo agradezco mucho. Me gusta agradecerles a mis hijos todo aquello que me permiten ser gracias a su existencia.

Últimamente mi relación con lo artístico es un tema que emerge, y al llegar a #noesdestino, se me removió de nuevo. Escribir este relato de qué ha significado el arte en la historia de mi vida me ayuda a integrarlo e integrar-me.

Hace unos meses me hice una promesa. No pienso morirme sin haber apostado en serio, por un tiempo al menos, por mí como creadora, por mí sintiéndome artista. Y sé que lo haré, porque lo visualizo, porque sé esperar a que llegue el momento adecuado, porque soy paciente y comprendo los tiempos de lo que se gesta dentro para algún día tomar forma en el momento adecuado. Todo tiene un sentido, si se sabe esperar.

Alma de artista, mente de arquitecta, piel de proyectos sociales, entrañas de madre.

Escultura de una mujer desnuda de rodillas con su bebé en brazos
Dos dibujos, a la izquierda una persona sin nada y a la derecha una persona que se abraza con unos brazos largos
pintora posando con mascarilla y su bebé, con una pintura de una mujer desnuda de fondo

Pinturas y esculturas de Paula Pérez Castañares

Pintura de un niño con ojos grande que mira fijamente
Escultura de una mujer con una mirada firme y luchadora
pintura de círculos de colores con textura

ENE
2023

Testimonio #8

Soy Artista Plástica

María Esther Flórez
@mariaesther.florez

Desde niña me encantaba soñar y me veía como una mariposa que podía volar e ir a cualquier lugar del mundo. Así crecí en Bogotá, la ciudad donde nací. Fui a la universidad y cuando terminé la carrera de ciencias de la información, mi sueño era viajar a España, y lo conseguí, porque siempre he pensado que los sueños se pueden realizar, si te preparas, si eres constante y luchadora. Siempre fui muy inquieta y aventurera.

Tuve algunos obstáculos en el camino: en un principio no tenía el dinero suficiente para comprar el billete de avión a Madrid, así que decidí vender parte de mi ropa, libros, mi equipo de fotografía… Yo no quería que mi familia me ayudará, quería hacerlo por mí misma. Así aprendí que algunos obstáculos te hacen más fuerte. Así fue como junté 500 dólares y me compré el billete de avión a plazos. Me arriesgué.  El que no arriesga no puede saber lo que puede pasar. Y lo logré.

Llegué a Madrid en 1974. Era muy joven; tenía tan sólo 21 años y estaba llena de sueños. En esa época apenas había inmigrantes en España y Madrid me recibió con los brazos abiertos. Para mí, Madrid es una de las ciudades más bellas del mundo; su gente es muy agradable y hospitalaria. Me instalé en la ciudad y conseguí un trabajo enseguida. Yo venía muy preparada y con una frase de mi madre metida en la cabeza; ella me decía “donde vayas, haz lo que vieres; intégrate a sus costumbres. Ten buena actitud y serás feliz”. Y eso fue lo que hice (palabras sabías de mi madre…).

Al poco tiempo conocí a mi marido, más tarde me casé, tuve 2 hijos maravillosos y seguí soñando…

Desde niña me gustaba dibujar y a los 48 años, cuando tuve la oportunidad, comencé a estudiar. 

Mujer pintora posando y sonriendo con sus pinturas de fondo

Durante varios años fui a la escuela de arte, con diferentes maestros que me enseñaron diferentes técnicas de pintura. 

Conocí a otras pintoras y juntas fundamos la asociación de pintoras de Las Rozas (donde vivo), con el objetivo de conseguir lugares para exponer y así fue como comenzó mi andadura como artista plástica. A raíz de eso logramos exponer en el Ayuntamiento, en restaurantes, etc. Fueron varios años de aprendizaje y rodaje.

En una de las inauguraciones tuve la suerte de conocer al Galerista Gorgonio Sanjuán, de Ítaca Tour Internacional, al que le gustó mi pintura. Y a partir de ahí, él comenzó a llevar mis cuadros a diferentes galerías del mundo: París, Roma, La Toscana Italiana, Venecia, Sicilia, Cammarata, Estocolmo, Rumania, Estados Unidos, Rusia, México, Perú. Otro de mis sueños se estaba cumpliendo: mis pinturas viajaban por el mundo y eran expuestas en múltiples galerías.

Hoy, con 69 años, sigo soñando y creciendo como artista y tengo la certeza de que cuando tienes sueños, los persigues y los anhelas, los sueños se pueden cumplir. Lo que no me imaginaba es que este sueño en concreto me trajera tantas satisfacciones. Viajar con mi arte, conocer ciudades preciosas, conocer a otros pintores, poetas… Es un verdadero privilegio que mis pinturas hayan podido inspirar a poetas para hacer poesías a mis cuadros, a joyeros para hacer joyas, y a diseñadores para hacer prendas inspiradas en mis cuadros.

Nunca dejes de soñar… yo no lo haré.

DIC
2022

Testimonio #7

Soy Músico

Gabriel Chahin

En mi casa siempre hubo un piano, al menos desde que puedo recordar. Ese piano lo debió comprar mi padre en la década de los años 60. A diferencia de toda su familia, mi padre le daba mucha importancia a la educación y, aunque nunca se lo pude preguntar, creo que para él aprender a tocar un instrumento formaba parte del mismo paquete: había que estudiar e instruirse. En casa éramos tres hermanos y una hermana, así que buscaron una profesora particular que nos diera clase a los cuatro y fue así como aprendí a tocar el piano, al mismo tiempo que aprendía a leer y escribir.

Íbamos a casa de Teresita Gamboa, que era ciega, nuestra profesora de piano, como yo era el menor siempre me tocaba de último. A mí se me hacía muy larga la espera (tenía 8-9 años), pero me estimulaba y atraía mucho tocar ese instrumento. Recuerdo muy bien que siempre me fascinó su sonido, lo melodioso que sonaba. Me atraía especialmente tocar las teclas negras; me causaba mucha curiosidad, intriga. Para mí era un desafío tocar esas teclas porque a nivel motriz eran más difíciles de tocar que las teclas blancas. Pero es que además su melodía siempre me pareció más bonita que el de las blancas. De hecho, recuerdo que en una ocasión saqué una canción que se tocaba sólo con las teclas negras.

No obstante, en esa época, la expectativa de mi familia en lo que al piano se refiere estaba puesta más en mi hermana y, como a mí siempre me tocaba el último, me fui desvinculando de las clases. Sin embargo, la conexión con el piano ya estaba hecha y poco a poco fui descubriendo que tenía oído para la música. Tuve la suerte de compartir esta afición con algunos amigos y así fue cómo durante la adolescencia fui cultivando el placer de tocar y hacer música, buena parte en modo autodidacta. Tenía una habilidad innata para sacar canciones populares, que tocábamos entre amigos para divertirnos y por placer, sin olvidar la de serenatas que hicimos, en una época en la que la seducción es parte de tu día a día.

A los 18 años llegó la hora de ir a la Universidad y, aunque a mí me encantaba la música, elegí estudiar ingeniería en Bogotá, al fin y al cabo, esa era lo que mi familia esperaba de mí. Hay que entender que, en esa época, estudiar una carrera estándar era la directriz de la familia y de la sociedad. 

músico colombiano cantando y tocando el piano

Lo importante no era si te gustaba o no, si era tu pasión o no, sino que las familias debían asegurarse de que sus hijos e hijas tendrían una profesión que les permitiese tener unos buenos ingresos y ser autónomos económicamente. Recuerdo que llegué a informarme sobre los estudios de conservatorio en la Universidad Nacional, pero cuando vi que era una carrera igual o más difícil que la de ingeniería, finalmente opté por el camino más convencional.

A pesar de ello, seguí cultivando la música y el piano, pero desde un lugar más lúdico, un espacio de diversión y creatividad que compartía con mis amigos y mi familia, en las fiestas o en pequeños conciertos, y que siempre ha sido compatible con mi profesión. Un día, ya con treinta y tantos años, en una actuación en la que hacía los coros, la mujer de un amigo mío, que era cantante, se acercó a mí y me dijo “usted canta muy bonito” y me animó a grabar unas canciones con ella. Yo que nunca había prestado atención a mi voz, me quedé sorprendido: ¿cómo iba a cantar con una cantante que si lo era de verdad?; pero ella insistió y así fue como empecé a combinar el piano con mi voz, algo que hoy en día ya se ha convertido en un hábito y a la vez un bonito reto. De hecho, ahora, que me acerco a la edad de la jubilación, acojo esta nueva etapa con mucha ilusión y con el sueño de poder interpretar un pasillo, un bambuco o un bolero bien tocado y, quién sabe, si incluso grabar un disco.

De hecho, con mis amigos de infancia de Bucaramanga, bromeamos mucho porque la mayoría hemos desarrollado una profesión más formal, varios ingenieros, como yo, pero al mismo tiempo la mayoría llevamos años siendo músicos. “¡Disque ingenieros...!” decimos riéndonos y mirándonos. Y es que en la vida al final uno tiene que ganarse la vida de la mejor manera posible, algo que es totalmente compatible con cultivar otros talentos que llenan tu vida de color y alegría, y que en cierto modo aporta ese equilibrio emocional que nos hace sentirnos felices y realizados, y que nos ayuda a afrontar los momentos más complejos que se atraviesan es este recorrido terrenal.

músico colombiano cantando y tocando el piano con árboles de fondo
Músico colombiano posando delante de unas montañas

NOV
2022

Testimonio #6

Soy Bailarín de palabras

José L. Corretjé
@josecorretje

Hay una frase que me tiene pillado: “Todos los cuerpos bailan”. Me ha costado tiempo darme cuenta de toda la riqueza que atesoran estas 4 palabras. Porque, si amplificas tu escucha (visual, auditiva, sensorial, vital) serás consciente de que el mundo entero, todas y cada una de sus criaturas, interpretan una danza única en la que tú eres espectador/a de excepción y partícipe.

Más pistas sobre mí: me gano la vida gracias al relato que hago de historias, causas y personajes que tienen que ver con el lugar en el que trabajo. Soy periodista o, tal vez, una definición que afina más el tiro en mi caso, es la de comunicador.

Vuelvo a mis orígenes. Desde niño me atrapó la aventura de narrar acontecimientos. Al describir una anécdota, cualquier suceso, notaba sin pretenderlo una capacidad innata de captar la curiosidad o el interés de quien me escuchaba. Sabía buscarme el modo para mantener la atención de la audiencia hasta el final. 

En la facultad de Periodismo me enseñaron a hacer noticias; no a recolectarlas o a cazarlas, sino a fabricarlas. Como un zapatero aprende a remendar borceguíes y una médica a escudriñar los males del cuerpo, así aprendí yo los rudimentos de un oficio que no me disgusta, pero que ya no me emociona.

Por eso sondeé dentro de mí sobre aquello que me apasionaba más y conecté con la danza de los cuerpos y la de las palabras. 

Hombre sonriendo con dedos de otras personas que le tocan la cara

En realidad, empecé a bailar de forma organizada hace más de 30 años. Y descubrí el placer de moverme al son de la música o del silencio. Hallé en este arte ancestral un espacio abierto para mis hormonas. Endorfina, oxitocina, dopamina y serotonina se explosionaban libremente para regalarme instantes de enorme felicidad y equilibrio. Porque sé que, en mi caso, mi felicidad conecta con la danza y con creación literaria.

Con el tiempo solté los miedos y me decidí a escribir. Primero fueron cinco obras que hablaban monográficamente de mi familia. Tras exorcizar mis traumas ancestrales gracias a 5 libros que escribí y que leyó solo mi gente, porque hablaba de ella y solo de ella, entendí que había llegado el momento de escribir un libro que explicara otros mundos que no fueran los vinculados con la sangre de mi sangre. Y así nació el deseo de relatar mi experiencia apasionada con la Danza Contact Improvisación (DCI), una práctica deliciosa que en 2022 ha cumplido medio siglo de existencia. Acabo de publicar un libro de 200 páginas que contiene una investigación sobre los orígenes y los principios del contact pero, sobre todo, que relata lo vivido, lo gozado en jams, festivales y clases de DCI durante una década de práctica entregada. 

¿Sabéis cómo se llama el libro?: ‘Todos los cuerpos bailan’.

bailarín en el suelo sonriendo
dos bailarines haciendo contact, uno encima del otro
bailarín de contact posando con su libro y sonriendo

OCT
2022

Testimonio #5

Soy Chamán

Stephane Quetzal
@stephanequetzal

Me llamo Stéphane y los Espíritus me han dado el nombre de Quetzal.

“¿Es usted chamán?” es una de las preguntas que más me hacen. También es una pregunta que me hago desde hace tiempo. Por eso mi respuesta no suele ser un simple “sí”, sino una respuesta con mil precauciones, matices y explicaciones. Después de todo, ¿estoy realmente legitimado para llamarme chamán?

Nací en una familia alejada de cualquier forma de espiritualidad. Más tarde, estudié historia durante mucho tiempo, lo que significaba que simplemente sería profesor. Esta es una versión de la historia de mi juventud.

Hoy, con la retrospectiva de la edad (tengo 50 años) y largos años de práctica chamánica, veo todas las semillas que “el Universo” sembraba. Como un niño callado, que vivía en su burbuja, en realidad pasé los primeros años de mi vida no sólo observando a la gente y sus extraños comportamientos, sino también sintiendo los sutiles vínculos entre todo. Estos fueron, sin ser consciente de ello, mis primeros diálogos con lo invisible.

A los 11 años, por instinto, elegí una familia de corazón radicalmente diferente a mi familia de sangre, felizmente conectada con la espiritualidad, lo invisible, la energía.

Al crecer en el seno de estas dos familias, aprendí muy rápidamente a viajar entre dos mundos, dos visiones del mundo, dos realidades, una más bien terrenal, la otra más bien celestial. Ahora siento una inmensa gratitud por todo lo que he recibido de ambas: el arraigo, así como la conciencia y el diálogo con algo más grande que yo.

Después vinieron los años de universidad, durante los cuales hice mucho esfuerzo por tratar de ser “normal”, como los demás. Este periodo terminó el día del último examen para ser profesor. Aceptando por fin escuchar aquella voz profunda en mi interior, decidí dejarlo todo e irme a vivir a otro lugar, viajar, aprender de otra manera y aprender otras cosas. 

Chamán agachado preparando una ceremonia con velas

Eso es lo que hice durante casi 7 años, convirtiéndome en reflexólogo, actividad que sigo practicando hoy en día y que enseño desde hace más de 15 años.

Luego llegó agosto de 2008. Acababa de cumplir 36 años y el hombre de ciudad que era entonces no tenía ni idea de que su vida cambiaría radicalmente en pocos días. El redondo y maternal vientre de una yurta, en el corazón del bosque, me vio nacer por segunda vez: mi alma desnuda, renovada, depositada en los brazos de la Madre Tierra, abierta de repente a todo lo que vive, a todo lo que existe, asombrada por su propia ligereza; mi profundo y verdadero ser sintiéndose llamado a honrar su camino entre las personas, los árboles, las piedras, los animales, las estrellas y el viento.

Desde entonces, ha habido tantas aventuras chamánicas, iniciaciones, caminos de aprendizaje llenos de caos y éxtasis, muertes y renacimientos, regalos maravillosos, y tantos viajes por los hilos de la gran Red de la Vida, que sinceramente tengo la sensación de haber vivido mil vidas en una. Y sobre todo lo siguiente: aunque reconozco que el camino chamánico es todo menos tranquilo, siento sobre todo alegría e infinita gratitud hacia todos los Espíritus benévolos que me acompañan, hacia todos mis maestros de todo tipo, hacia la Vida, la Madre Tierra y mis Ancestros. Y ahora estoy obligado a ver y reconocer que los frutos de mi camino chamánico han podido ayudar a cientos de mujeres y hombres a través de mis tratamientos y talleres chamánicos. ¿Me convierte esto en un chamán?

Hace unos años, decidí liberarme de la palabra “chamán” y prefiero verme simplemente como “un barquero” que ayuda al otro a “cambiar de orilla” con la ayuda de unos maravillosos aliados: si eso me convierte en chamán, entonces lo soy.

Chamán apoyando contra una roca con las manos
Chamán a contraluz con un instrumento mirando al horizonte
Chamán a contraluz dentro de la montaña viendo la luz

SEPT
2022

Testimonio #4

Soy Pintora

Maika Asenjo
@maika_piruja1

No sé cómo empezó esta otra aventura, no era un sueño infantil, aunque estaba presente en mi infancia, no fue por un contacto inspirador, ni por un libro o película impactante, nadie me habló de unas clases, simplemente llegó una pandemia, hubo un confinamiento, y muchas cosas pasaron que nada tuvieron que ver con este ansia de expresión.

No recuerdo el momento original, ni recuerdo quién era yo en esos inicios, era la que soy ahora y no. Sí soy consciente del “hambre” que se despertaba en mi cuerpo, recuerdo querer morder colores, masticar texturas, pinturas, sombras, lienzos, efectos y empecé a crear cestas de la compra virtuales con elementos absolutamente necesarios para mí, empezaron a aparecer reels asociados a artistas gráficos, anuncios de caballetes, marcas de pintura acrílica, tinta al alcohol y todo era eso, de pronto.

Descubrí YouTube. Sí, lo conocía, había visto vídeos, claro, algún momento estelar de GH VIP, alguna coreografía, recetas, ristra de caídas tronchantes, etc. Pero no había estrenado la sección “favoritos”, no sabía ni que se podían guardar los vídeos. Y lo supe, revisaba brochas destripándose de rojo, paños empañando destellos, paletas dejándose la piel sobre lienzos minúsculos o infinitos, pinceles pariendo estrellas y niebla, y brillo en la mirada, o pariendo nada con nombre, pariendo luz y vida, sin palabras carceleras, sin trazos que se expliquen por sí mismos, trazos libres, salvajes, desnudos de intención, colmados de pureza.

Mujer posando sentada con un vestido negro y tacones sonriendo

Y yo era eso ahora.

No me planteé si yo “sabía” hacer eso, no me pedí permiso, ni se lo pedí a nadie, porque yo no era nada, “eso” era yo, me era, una voluntad subyacente a todo se regía a sí misma a través de mí, no había manera de negarse, tampoco había manera de tener miedo, había que dejarse de tontadas y dejarse de explicaciones y había que sacar lo que quería ser sacado, lo que quería ser nacido.

Desde entonces he hecho un gran avance, uno enorme, buenos dos, gracias a dos personas mágicas, personas “impulso”: vendí mi primer cuadro y encontré un espacio, mi taller, donde puedo ir a gozar, a ser una yo más de las muchas que me viven, a entregar mis tripas al mundo… A pintar…

Pintura abstracta azul con texturas
Pintura abstracta azul y amarillo con mucha luz
Pintura de corazón rojo con textura de fondo negro

JUL
2022

Testimonio #3

Soy Fotógrafa

Anabelle Schattens
@anabelleschattens 

La fotografía vino a mí con 15 años. Fue un flechazo, una evidencia, una nueva forma de crear arte que me permitió unir mi talento manual y mi creatividad. En esta época solo existía la fotografía analógica y el laboratorio fue mi nuevo patio de juegos.

En el momento de elegir mis estudios, nunca descarté esa evidencia… y decidí, con intuición, que no seguiría estudios de fotografía. Sería fotógrafa por mí misma, a fuerza de trabajo y curiosidad. Tenía miedo de que la fotografía se volviese un trabajo alimentario, que me alejara de mi pasión e ilusión.

Seguí estudios de comunicación con clases prácticas y artes aplicadas, incluida la fotografía. Con el tiempo tomé clases nocturnas de fotografía para adquirir conocimientos técnicos con material que en esa época no me podía comprar y fue así como me especialicé en procesos fotográficos antiguos como el colodión húmedo, una técnica que surgió en 1850.

La necesidad de fotografiar era tan fuerte, que dictaba mi modo de vivir. No podía imaginar salir sin mi cámara, o ver las cosas sin un enfoque fotográfico. Paradójicamente, creo que eso es lo que un día me paralizó. Yo solo "hacía fotografías", no era capaz de presentarme como "fotógrafa". Era un acto tan íntimo que pensaba que tenía que justificar un "éxito" o un reconocimiento social de mi arte (¿cuántas expos había hecho? ¿cuántas fotografías había vendido?). Me ponía mucha presión. Tenía una dificultad profunda en autocongratularme, y más aún compartir esa dificultad. No sabía sentirme satisfecha. Si una foto salía bien: era normal, ¿no?

Y si no salía bien, quería aprender más de mis errores… Mostrar tus fotografías o tu arte al mundo es un acto muy íntimo; te expones a la mirada de los demás, a su juicio. Era muy difícil para mí. Con los años, sufría cada vez más del síndrome agudo de necesitar la aprobación de los demás.

Con 30 años gané un concurso de fotografía importante que me permitió hacer un taller de una semana con un fotógrafo famoso durante el conocido festival de Arles, en Francia. Hubo un antes y un después. Cuando expuse mis fotografías al final del taller, vi la belleza de mi trabajo y la mirada de aprobación de los demás. La lucha interna no duró mucho: logré romper la cáscara de autopresión. Fue una liberación. Antes "hacia fotos", ahora "era fotógrafa". ¡Vaya cambio! Ya podía ir por el mundo sintiéndome fotógrafa (ya tocaba).

Fotógrafa posando con su cámara de colodión cerca del mar en Bretaña, Francia

Hace unos años, mi vida cambio rotundamente en una hora. Tuve que empezar de cero - sólo me quedaba mi material en unas cajas… que era incapaz de tocar, ya que esa ilusión tan esencial se había escondido ante tantos problemas que tenía que aprender a gestionar. Y el mejor material del mundo, sin ilusión, es al fin y al cabo… sólo material.

Al cabo de unos años de lucha, mi frágil equilibrio se volvió a derrumbar. Ahí estaba de nuevo con esa impresión de vacío, a punto de cumplir 40 años. Pensé… "cuando será la próxima vez que no tendrás nada que perder". Nunca, pensé, porque de ahora en adelante iba a construir mis puntos de referencias desde mí.

Con esa ligereza de no tener ninguna presión, de no tener gran cosa, viajé sola, mis cámaras y yo: mi laboratorio fotográfico en el maletero de mi coche y mi "nada que perder", con solo cosas que mirar; donde el destino no importa, sino más bien el camino.

Fue la primera vez que volvía a fotografiar en mucho tiempo. Volví a descubrir ese amor por fotografiar, pero sin esperar nada a cambio. El no tener nada que perder nada, en ese momento de burbuja atemporal, me permitió soltar rienda completamente. Vivir el acto fotográfico en lugar de darle tanta importancia al acto de imprimir una imagen. En cierto modo, las fotografías son un simulacro de la memoria, un intento de recordar y hacer un poco más perdurable lo irremediablemente finito. Lo único permanente es el cambio. Frente a esos paisajes magistrales, el resultado era tan finito y sin importancia, que volví a recodar la esencia de esa ilusión de simplemente fotografiar. La esencia es poder guardar esa energía vital. Si puedes vivir de ello, mejor. Si no, haz todo para ser libre y no cambiar esa esencia.

SOLTAR RIENDA. Es la clave. Me llevó casi 30 años, pero creo que fue el tiempo que necesitaba para vivir esas etapas. (Como mujer, también tenemos más capas que quitar, eso no facilita ese proceso…)

Hoy tengo 43 años, 2 niños maravillosos, un trabajo estable que me deja toda mi energía para seguir creando, con ilusión y seguridad. Conseguí ese equilibrio que quería cuando era joven: un mundo libre por fotografiar donde lo único que cuenta es ese amor, esa evidencia de mirarlo con el prisma de mis ojos.

Fotografía de colodión en blanco y negro de una mujer tumbada con pelo largo
Foto de colodión en blanco y negro de un camino
Foto de colodión en blanco y negro de la costa del mar en Bretaña en Francia

JUN
2022

Testimonio #2

Soy Ilustradora

La niña se encerró en su cuarto. Siempre prefería la compañía de sus pensamientos fantasiosos y el silencio de sus lápices de colores que contaban historias sin alzar la voz. No se le daba demasiado bien socializar con otros niños, pero tampoco lo necesitaría hasta entrada la preadolescencia.

Esa niña era yo. Insegura y con una desbordante imaginación, me costaba un mundo expresar mis sentimientos. Los guardaba dentro mí, dentro de una cajita en el fondo de mi corazón, hasta que dolían. Dibujaba y pintaba todos los días. Mucho. Era mi modo de expresar lo que con palabras se me hacía un nudo. Nunca dejé de hacerlo, era lo que más me gustaba en el mundo. Pero siempre lo dejé relegado a la simple condición de “hobbie” . Ni siquiera tenía conocimiento de que podía ser una profesión. Que podía vivir de ello. Y mi familia tampoco lo hubiera querido, ya que “del arte no se puede vivir”.

Así que durante toda mi formación escolar, el instituto y el bachillerato, intentaba proyectar en mi mente un futuro “normativo” y “correcto”, alejado de mis pasiones. Algo que me hiciera ganar un buen dinero para tener una vida estable y en mis ratos libres, abrir mi corazón delante de un papel de dibujo. Cuando me tocó escoger una carrera universitaria, descarté Bellas Artes, influida por cientos de prejuicios que habían estado sobrevolando en mi cabeza durante toda mi vida. Escogí la carrera de Magisterio Infantil, mientras raramente atendía en clase y llenaba los márgenes de mis libretas y apuntes de dibujos y más dibujos.

Ilustradora de pelo largo pelirrojo posando con un pincel en la cara

Ejercí de maestra durante dos años, sin ninguna vocación real hacia la profesión. Me daba cuenta de que disfrutaba mil veces más dibujando para los niños que enseñándoles a leer y a escribir. Así que, cansada de vivir en un conflicto eterno donde no era feliz,  decidí romper con todo, pues al fin y al cabo, no se puede ignorar por toda la vida lo que grita por dentro… Al terminar el curso, abandoné mi trabajo estable como maestra y me matriculé en una prestigiosa escuela de arte en Barcelona para hacer un Ciclo Superior de Ilustración. Fueron los 3 años más felices y mejor invertidos de mi vida, donde todo cobró sentido por primera vez. Donde sentía que estaba exactamente donde debía estar, donde absolutamente todas las piezas del puzle encajaban.

Han pasado ya 9 años desde que salí de la escuela de arte, y, cuando miro atrás, no puedo evitar acordarme de esa niña que se encerraba en su cuarto a inventar historias con sus lápices y que creía que no podía existir una profesión donde se fuera tan feliz. Después de más de una docena de libros ilustrados con varias editoriales del país, murales, carteles y obra original propia que ha viajado por todo el mundo, aún me pregunto cómo con mi tremenda inseguridad y falta de confianza en mí misma, he seguido adelante y he apostado con tanta fuerza por un sueño. Y una voz me dice desde dentro de mí: PASIÓN. La pasión ha sido el motor que nunca me ha hecho rendirme, aunque nadie confiara en mí, aunque yo misma no confiara en mí. Mi pasión ha sido mil veces más fuerte que todos los miedos del mundo.

Mujer vestida de época con vestido negro y un libro en la mano
Ilustración de una mujer pelirroja con pelo largo abrazando una cúpula de cristal con una rosa roja
Ilustración de dos mujeres pelirrojas abrazándose con fondo azul
Ilustradora pelirroja de pelo largo posando con su pincel
Ilustración de una mujer con estilo de cleopatra rodeada de mariposas azules
Ilustración de dos mujeres vestidas de época con vestidos rojos subidas a una bicicleta doble con su perrito

MAYO
2022

Testimonio #1

Soy Escritor

Pablo Zarrabeitia @mundoparacontar

Recuerdo perfectamente el día que decidí ser escritor. 

Tenía 13 años, acababa de ganar un premio regional de redacción y me di cuenta de cuánto disfrutaba escribiendo. A partir de ahí, la vida decidió seguir un camino muy diferente del que yo tenía pensado.  

Cuando me llegó la edad universitaria, elegí una carrera "seria", que no tenía nada que ver con la escritura, porque me permitiría tener un trabajo "serio" con el que ganarme la vida. Y así fue. Ese trabajo "serio" me permitió viajar por el mundo, descubrir otras realidades y acumular experiencias que -sin yo saberlo entonces- podría utilizar como material para escribir. Cuando tenía 25 años, me surgió la oportunidad de presentarme a las pruebas para otro trabajo completamente incompatible con la posibilidad de ser escritor. Superé las pruebas, ingresé y traté de convencerme de que "lo de escribir" no era más que un sueño infantil que debía ser olvidado.

Pero... cuando un agua llega a una pared de roca, siempre trata de buscar un resquicio por el que colarse y, si no lo encuentra, o bien erosiona la roca o la rodea. Del mismo modo, casi sin que yo me diese cuenta, ese sueño de niño estuvo buscando abrirse camino en donde no lo había, contra toda opinión y todo pronóstico. Hasta que se me ocurrió la idea para conseguirlo: escribiría sin revelar mi identidad.

Espía español de espaldas frente a una ruina

Así surgió mi primera novela, "El alma de los espías". Para mi sorpresa, sin contar con el apoyo de editoriales o un aparato de marketing profesional (únicamente, los lectores y los amigos), se convirtió en un pequeño fenómeno en su sector. Inspiró una canción, puede convertirse en una serie en breve y creó un club de generosos lectores que la promocionaban mediante composiciones fotográficas, memes... Animado por lo ocurrido, hace poco publiqué la segunda novela, "Los hombres de la niebla", que ya tiene un haiku propio y parece seguir el camino de la primera.

Lo ocurrido me ha creado un conflicto interior, en el que el Pablo maduro y serio se está enfrentando al Pablo niño, que le reprocha no haber creído con más fe en los sueños. Sin embargo, como en todo, la respuesta no es clara. Un Pablo y otro se retroalimentan, y probablemente el Pablo escritor esté mejorando al Pablo maduro y serio. No lo sé. El futuro está escrito en el agua, lo que significa que, por una parte, cambia con facilidad y, por otra, que, si tienen la fuerza suficiente, los sueños terminarán encontrando su camino.

Nunca hay que minusvalorar la fuerza extraordinaria que tienen los sueños infantiles.

Foto de la novela "los hombres de la niebla" encima de una mesa con una calculadora
espía español de espaldas mirando a una montaña nevada
Portada de la novela "el alma de los espías" con Indiana Jones

ABRIL
2022

Testimonio #0

Soy Bailarina

Alia Chahin 
@miss_pome

Pisé mi primera sala de danza en 2002, casi sin querer. Mi madre y yo nos apuntamos a unas clases de danza oriental en nuestro pueblo de la periferia de Madrid. Ambas redescubrimos el placer de bailar para una misma. Hasta entonces la danza había estado en nuestras vidas, pero esa era la primera vez que bailábamos para nosotras. 

Desde entonces, la danza se fue aproximando a mi vida de una forma sutil, hasta que un día, viendo un espectáculo de flamenco en Londres, le dije a la que era mi pareja de entonces: ¡antes de cumplir 30 años bailaré en un teatro! (¡pero si yo entonces no bailaba, ¿cómo se me ocurrió decir algo así?)

En 2007 ya en Madrid, mi madre me invitó a un espectáculo de danza en el Teatro de Madrid: Drom. Lo dirigía Cristiane Azem. No había vuelto a pensar en bailar desde que había regresado a Madrid. Pero recuerdo que ese mismo día le dije a mi madre que si había una escuela asociada a esta compañía de danza, entonces me apuntaría.

Y así fue como con casi 29 años inicié mi camino en la danza, un viaje que me reconectó con un lado artístico que había abandonado con 14 años después de tocar el piano durante 7 años como un robot.

Y sí, pisé mi primer teatro con 31, no con los 30 años que me había marcado, pero casi. Era totalmente inexperta y prácticamente no tenía formación en danza, pero sentía esa pasión que una lleva dentro y que le impulsa a subirse a un escenario, y sobre todo, había bailado toda mi vida…

Primero vino Galata y sus varias temporadas en distintos teatros de Madrid (¡también en la Gran Vía!); después Les Follies en el Teatro Alfil, Night, la noche oscura del alma y Ziryab. Más de 10 años bailando bajo la dirección de Cristiane Azem. Pronto vendrá Metáfora para Frida, un nuevo reto artístico.

Bailarina posando de lado con un vestido largo y una trenza con un codo doblado hacia arriba y una mano tocándose el tobillo

Esta composición que aquí presento es fruto de un proceso de transformación artístico que jamás imaginé que haría y que se ha ido intensificando en los últimos años, especialmente durante la pandemia. Y es que en la Escuela de Cristiane Azem, empiezas bailando y casi sin darte cuenta lo que realmente haces es aprender a escuchar, a sentir, a observar, a descubrir, a ser, a sanar, a crear, a transformar. 

De profesión soy Consultora y Directora de Transformación y Digitalización en Fresno y me cuesta reconocerme como bailarina porque no tengo formación formal ni empecé una carrera desde pequeña. Pero aquí estoy, componiendo fotohaikus inspirada en los distintos proyectos escénicos que estamos creando con Cristiane Azem, especialmente lo que surge del grupo de Mujeres Malditas.

He aquí mi intento de creerme bailarina, visibilizarlo y compartirlo.

No siempre podemos controlar lo que somos o seremos.

#noesdestino

Bailarina posando en el suelo sentada contra una silla con las piernas rectas dobladas y una mano abierta en el suelo con fondo rojo
Bailarina posando en el suelo sentada contra una silla con las piernas rectas dobladas y una mano encima de la rodilla y la otra en la cara con fondo rojo

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